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jueves, 12 de julio de 2012

¡ ZARANDEAD EL ÁRBOL PARA QUE CAIGAN LOS FRUTOS ¡


12 de Julio. En este mismo día, pero de 1947 la Conferencia Internacional en París concretaba el Plan Marshall para ayudar a una Europa devastada por la guerra. Efemérides no le faltan al día. En España, recuerdos de Miguel Ángel Blanco y aquella marea blanca que suplicó a ETA que no le diera el tiro en la nuca. Hoy, quienes brindaban por aquel asesinato, se hacen un hueco en las instituciones. Portadas de mineros soliviantados en las calles de Madrid y preguntando en dónde está el dinero que desde Europa, hace años, enviaron para la reconversión de la minería. Aniversario de Perejil, la isla que a Aznar le quitó el sueño estival. Y amplios titulares y editoriales arrancando en portada con los reajustes, recortes y medidas que frenen la debacle. A Rajoy no lo han mandado a luchar contra los elementos. No tiene otro remedio. Es la Banca y es Europa quien gobierna la economía española. Bastante hace con aguantar el tipo. No sé si no hará como Monti, que ya ha dicho que tira la toalla en 2013. Rajoy será sacrificado en el altar del Bundesbank. Temen los afectados por los recortes, como temen quienes ven cómo la gente busca la baldosa para esconder el dinero y dejarán de invertir. Tímida acogida y soliviantado ánimo. Así está esta España de julio. No es hoy un buen día para recordar. Quizás en el calendario personal de quien esto escribe, sí, pero no para el resto de los mortales que ven cómo este 12 de julio los arrinconan cada vez más. La Puerta del Sol anoche era preludio de evolución global. Y la culpa, como siempre, se la echan a los anti sistema. Es vergonzoso leer hoy titulares de lo que ayer pasó con los mineros en Madrid. Si alguien sobraba ayer eran los sindicatos. ¡Dejad hablar a la gente ¡ ¡ No os apropiéis de su voz ¡ Ni las cuotas pagan ya. No se fían de ellos. A los mineros se les unieron muchos cabreados: jóvenes sin trabajo, desahuciados por los bancos, parados sin futuro y muchos más.
Leía anoche un pequeño texto de B. Traven en su novela “La nave de los muertos”. El marinero protagonista pide al capitán diez dólares para bajar a tierra, en donde quedaría abandonado porque a nadie le interesaba esperarlo. Era insignificante para todos, pese a que era el encargado de mantener limpio el barco.  Al final el contable le da diez dólares y le recomienda que no se emborrache. La respuesta es clara: “Esto es un insulto. Los oficiales y los ingenieros se emborrachan  dos veces al día y ahora me suelta usted un sermón para que no coja una borrachera. No pensaba hacerlo. Además, para qué. Jamás tomo ni una gota. No pruebo ese veneno. Soy abstemio”. Los sermones que acompañan a los recortes tienen que ir acompañados de realidades que hagan descender el número de concejales, de senadores, de diputados. Tienen que ir acompañados de un recorte en ministerios y consejerías y direcciones generales. Tiene que ir acompañado no sólo del sudor de los pequeños, sino sobre todo del esfuerzo  de los grandes porque mucho me temo que con esto de los recortes pase lo que cuentan de Carlos II, aquel rey ilustrado que puso orden en las arcas de una monarquía que se había gastado en guerras la hacienda. Quiso hacer recortes y así se lo dijo a su Consejo del Reino, Grandes de España todos ellos, absentistas de tomo y lomo. Preocupados ellos por el futuro preguntaron al monarca de qué iban a vivir. Y él, con socarronería borbónica les dijo: “De lo que caiga  del árbol; y si no cae, zarandead el árbol para que caiga”. Y se marchó a los montes del Pardo a cazar. Aquí está la tentación. Cuando no hay de donde sacar, lo malo es que zarandeen el árbol de los pobres para que caigan los frutos. Esto es un zarandeo más. 

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