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miércoles, 14 de agosto de 2013

El cansancio del alma


Suele mucha gente preguntarse con frecuencia qué hacer cuando lo que se cansa es el alma. Es lo que se llama agotamiento vital en la relación con las personas. Hay personas a cuyas puertas llamas con insistencia y nunca escuchan el llamador. El cansancio está asociado en la mayoría de las ocasiones al esfuerzo físico, pero el más peligroso es aquel que se instala después de muchos esfuerzos en la lealtad y la fidelidad que no se ven correspondidos. Decía Juan de la Cruz que “el alma que anda en amor ni cansa, no se cansa, ni descansa”. Y hay tantas clases de amores así. El cansancio del alma es el peor de los cansancios que uno puede sufrir. Mientras el cuerpo está cansado, estamos dispuestos a reparar el desfallecimiento con un descanso reparador y sabemos que el equilibrio corporal se restablece, tarde o temprano. Sin embargo, cuando lo que se ha cansado es la ilusión, los sueños, las ganas de amar, no hay nada que pueda sacarnos de la profunda hendidura donde se pierde el interés. A veces con poco basta. Es difícil reaccionar cuando uno está abajo, porque la fuerza que nos acompaña cuando el alma sonríe no aparece cuando necesitamos un abrazo. Pero de cualquier forma aunque lo que nos rodee nos sea propicio y todos nos quieran ayudar, la mejor ayuda está en la propia sabia. En libar el néctar del espíritu puro que nos constituye; en ponernos en relación con el centro mismo del corazón para pedirle ayuda. Existen otras fuerzas que nos acompañan, invisibles tal vez, pero no intangibles. Podemos verlas con los ojos de la intuición que advierte en otro plano sensorial e identificar las señales que nos indican el camino.

1 comentario:

  1. Curiosamente, saboreando mis últimos dias de retiro y que gracias a ellos estoy curando mi alma cansada, me ha llamado la atencion el comentario

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