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domingo, 29 de diciembre de 2013

¿ Porqué me voy de FACEBOOK ?



Comencé en FACEBOOK el 22 de mayo de 2009 . Y hoy, 30 de diciembre de 20013, me marcho. Casi cinco años son más que suficientes. La verdad es que esta red social ha ido cambiando lentamente. Creo que es hora de irse. 

Cosas positivas:

- -He podido relacionarme con gente que no esperaba. Hoy son grandes amigos.
- -He aprendido muchos puntos de vista, noticias y opiniones que merecían la pena
- -He sabido de cumpleaños, obituarios y efemérides que me han facilitado no quedar mal…y responder a tiempo
- - He podido promocionar mis escritos
- -He establecido una buena red de amigos cibernéticos. Los otros ya estaban y no ha hecho falta Facebook para relacionarme con ellos.

Cosas negativas:

- Quita tiempo, mucho tiempo
- Hay mucho culto a la personalidad; y eso no es bueno.
- La red se ha convertido en una autentica red de espionaje
- Desde un tiempo a esta parte, en Facebook los “I like” afectan al estado de ánimo
- Lo que veo por aquí, puedo verlo en otras partes

Y otras tres cosas más:

- Los amigos sabéis dónde encontrarme y yo a vosotros.
-  - Los enemigos tendrán ahora que buscar en otros lados
-  - La más importante, la razón más sobrenatural; la frase de Pessoa: "No el placer, no el poder, no la gloria. la libertad, solo la libertad"


Para seguirme, si queréis,  tenéis dos opciones:
 -  Poner en favoritos mis blogs:

     - O seguirme en Twitter. ( @juan_rubio_vn ) También aparecerá ahí: “Licht, Mehr Licht" . Es una herramienta profesional y menos personal.Se da más a la interacción de noticias, que a la vida privada. 

Y , por último os recomiendo este pequeño articulo

El dolor no os matará”. Discurso en la ceremonia de graduación del Kenyon College, 2011. Jonathan Franzen. En “Más afuera”. Salamandra. Noviembre 2012.

Así acaba su articulo:

"Cuando sales y estableces una relación real con personas reales, o incluso con animales reales, existe el peligro muy real de acabar queriendo a alguno de ellos. Y a saber qué puede ocurrirte encintes..." 

Y nada más. Ha sido un placer.... y los amigos seguirán siéndolo también después...Un abrazo a todos y “ cada vez más luz…”




sábado, 28 de diciembre de 2013

Probablemente no era yo (I)



Y llegó el día en que el riesgo de permanecer bien abrigado en el capullo era más doloroso que el requerido para florecer.”
Anaïs Nin
I

 Está claro que todo en la vida, lo bueno y lo malo, es cosa del tiempo. Creo que fue la Yourcenar la que dijo que era el mejor escultor. Estuve un año planeando aquel viaje y en media hora se me fue de las manos. Y todo por una casualidad, un capricho, o quién sabe si cosa de la suerte. El tiempo que me llevó, sin éxito, convencerla, me cambió la vida entera. No hubo manera de hacerle ver que el titular de la tarjeta de embarque era yo, el mismo que aparecía como titular del pasaporte. No tenía carnet de identidad. Hacía meses que lo había perdido y solo pensar en las colas de la comisaria de Santa Engracia, por Alonso Martínez, me ponía de los nervios. Y es que en el fondo, me gustaba aquel pasaporte manoseado, sucio, de color tinto, con las letras doradas ya desgastadas y estampado con sellos de los países que visité. Cada sello era un pellizco a la memoria. Y me gustaba, cómo no, aquella foto; o mejor dicho, el día que me la hice para renovarlo, hace ya de eso diez años. Entonces tenía treinta y ni barba, ni gafas ni este pelo canoso. “¡No es usted; este señor no es usted ¡ Aquí pone un nombre y en el pasaporte otro; además este señor de la fotografía no es usted.” Era la voz chillona, atiplada, con acento entre colombiano o ecuatoriano, vete a saber, que negaba mi identidad con una autoridad espantosa.

Era mayo, acababa de cumplir cuarenta años, había dejado el trabajo y me disponía a viajar a Berlín con un billete regalado. Allí estaba yo, en la cola de la puerta de embarque de la T-4, en Barajas, con una cara de bobo, una mochila de mano ,y sin tiempo que perder. Detrás, una señora con un niño dándome puntapiés, un viejo serio y con cara de pocos amigos, y un joven que ya se había quitado el cinturón y el reloj y con el portátil en una mano y el Ipad en otro, miraba a las bandejas como si no se las fueran a robar todas. Y también estaba ella, todo un monumento a las normas de aviación; uniformada, pequeña y rellena, con gafas de pasta y los labios pintados. Era la reina de aquellos metros cuadrados. No parecía importarle que yo perdiera mi vuelo. Qué sabe un uniforme, que al fin al cabo es una segunda piel, lo que esconde la primera, la que vale, la que escuece, la pica, la que suda y se estremece. Me hice a un lado. Si no lo hago, me atropella aquella jauría de viajeros con prisa. Me agaché y busqué en la mochila algún documento que dijera que era yo, el mismo que viste y calza, y que al que ahora se le niega la identidad. Rebusqué en la cartera. “Relojes, ordenadores, cinturones, por favor, a la bandeja”, repetía como un loro la del uniforme. De pronto, paraba y , sin mirarme, volvía a la carga: “Señor, no moleste y vaya a la policía y aclare esto. No puedo dejarlo pasar.” Abrí la cartera y saltaron por el suelo el carnet de conducir, las tarjetas de crédito, y esas otras que te endosan, aunque solo sea por comprar un perfume, unos pantalones o un disco. Un mundo de tarjetas y de uniformes. Nada la hacía cambiar de idea, porque en todas ponía el mismo nombre: José Amancio Ortega Prada. Sí. Y nada tengo que ver ni con el rico empresario gallego, ni con el cantautor. En la tarjeta de embarque solo ponía Amancio. Aquella reina del mambo no tenía ni idea. Y para colmo, me manda a la policía; más uniformes. Grité, protesté, alcé la voz y lo único que me llevé fue que unos guardias de seguridad, también de uniforme,  acudieran en ayuda de aquella energúmena. Y entonces fue cuando me sentí un delincuente, un estafador, un falsario, un prófugo que intentaba camuflar su identidad. Escoltado, aunque sin las esposas rodeando las muñecas, me llevaron a la policía. Se salió con la suya. Ya se ha quedado en paz. 

Y allí, en una ventanilla, a esperar de nuevo la cola. Unos turistas habían extraviado la maleta y una chica denunciaba que le habían dado un tirón al bolso y había perdido la documentación. Como en la puerta del infierno de Dante, abandoné toda esperanza de llegar con tiempo para el vuelo. Y, como siempre me pasa cuando las cosas se tuercen, me dio por pensar en lo que vendría: la línea del ordenador de la policía se abría caído, la impresora en donde debían hacerme un certificado diciendo que era yo, no tenia tinta; me la harían a mano y lo más seguro es que nadie entendiera la letra del guardia de turno. Con suerte lograría que pusiera bien claro que el titular de los “sendos documentos”, porque así son de cursi estas cosas oficiales, era el mismo. Cavilaba en esas divagaciones para distraerme, cuando, a bocajarro, con los codos en la ventanilla, un policía con cara de no haber dormido, unas gafas sucias y un bigote sin recortar, me preguntó qué quería, quién era y que me identificara. ¡ Vete a saber quién soy ¡. Fue en ese momento cuando me di cuenta que no, que aquel no era yo. Y que a eso iba a Berlín, a buscarme, pero explicar eso a los uniformes eran tan difícil. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Mis recomendaciones de lecturas


Dos pequeños libros de John Fante, de la Tetralogía: “Pregúntale al polvo” y “Espera la primavera, Bandini”. (Anagrama) Interesantes, como todo lo de Fante.

Para exquisitos en la lectura, otros dos: “ La muerte del adversario”, de Hans Keilson (Minúscula) y “Una confesión póstuma”, de M. Emants, (Al margen)

De Isaac Rosa la última. Desconcertante e interesante, como todo lo de este escritor sevillano: “La habitación oscura” ( Seix Barral)

Para los que gusten libros sobre escritores…Ricardo Piglia y su “El camino de Ida” ( Anagrama)

Y por supuesto, siempre quedan grandes sagas; libros largos, de esos que uno no quiere que se acaben. Pues, antes que acabe el segundo centenario de su publicación, “Orgullo y prejuicio”, de Jane Austen

Y que ustedes lo disfruten…Yo buscaré otros. Estos ya se fueron…