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domingo, 16 de diciembre de 2012

Culpable, el sistema


No hay forma de quitarme de la cabeza la tragedia de Newtown. Vueltas y más vueltas. Y conforme leo más detalles, crece  el estupor. Y todo sucede en un país, cabeza de la modernidad y del avance. Impacta cualquier muerte en estas circunstancias, no cabe duda, pero si los niños hubieran sido masacrados en una tribu africana, seguro que hubiera sido menos el impacto. Lo alarmante es que se produzca en el primer mundo, y por parte de alguien con 20 años. Dicen que era persona inteligente y poco sociable. Mató a su madre y se lanzó a matar a los niños en la escuela. La muerte como deporte, un partido de beisbol. Sangre fría de Capote. En una isla noruega se sembró el pánico hace un tiempo tras el asesinato en masa de un pistolero visionario.  Hoy a poco más de 100 kilómetros de Nueva York.  Se buscan culpables cuando no hay a quien meter en la cárcel por haberse suicidado. Culpable es el sistema, no cabe duda y en ello todos ponemos las manos. Urge algo más que simples leyes que controlen el uso de armas en un país que ha aumentado sus ingresos con la carrera de armas. Urge un sistema educativo más eficaz. Da pavor enfrentarse a alguien que con tan solo 20 años es capaz de hacer esto. Debería dar pavor observar a muchos de nuestros jóvenes de esas edades. La geografía de los veinte años en este inicio de milenio es preocupante. Las reformas educativas son necesarias desde el consenso, desde el dialogo entre familias y colectivos dedicados a los jóvenes. Urge alma en esta sociedad avocada a la muerte.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Elogio del SOMBRERO


Son mucho los que me preguntan por qué llevo sombrero, como si tuviera que llevar papeles justificando su uso. Cuidado con la manía de tener que dar explicaciones. El sombrero, además de guardarme del sol en verano, me quita el frio en invierno. Pero es más. El sombreo es elegancia, pero también es pasión. Bogart marca un ritmo con el sombrero en Casablanca. O Sinatra interpretando “My Way”; A Pessoa, mientras llega a la Brasileira lisboeta, le acompaña su sombrero; Machado olvidó su sombrero un día en su paseo vespertino de Úbeda a Baeza, y volvió a recogerlo. Me imagino a Umberto Eco en sus paseos por Triestre, tocado por su sombrero. Lo eliminó Hitler y en la II República española llevar sombrero era signo de ser de la CEDA. ¡ Cuando la ideología se mete en algo tan bello como el sombrero, la cagan ¡  Vila Matas llevó su pasión por el sombrero a su Pasavento. Han escrito sobre el sombrero Pedro Antonio de Alarcón en “El sombrero de tres picos” y qué me dicen del juego del primer capítulo de Madame Bovary cuando llega Charles a la escuela con el sombrero o gorro. Chapliy y Gardel estaban identificados con el sombrero. Si quieres, puedes llevar un borsalino, un panamá, una teja o un gorro frigio. Lo que quieras. El sombrero ha empezado a estar de moda. Calarse el sombrero es un arte, saber quitárselo a tiempo otro. Ofrecer la entrada señalando con el sombrero o simplemente tocarte el ala discretamente, ya es elegante. Un arte este del sombrero, un lenguaje como el de las damas y los abanicos o el lenguaje de las flores. Sombreros de pintor o de intelectual. Lo decía Hopper. Si algo sale bien es como para quitarse el sombrero y en los bares reivindico un lugar para dejar el sombrero. Me gusta la Cervecería Alemana de la madrileña Plaza de Santa Ana porque hay donde dejar el sombrero, con elegancia y sin que se arrugue.