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viernes, 13 de abril de 2012

CIEN AÑOS DE DOISNEAU. La Leyenda del Beso


Hace hoy cien años que moría en París ROBERT DOISNEAU. Primavera parisina. Es París uno de esos lugares en donde más y mejor se calma el dolor profundo que causa la primavera. Toda belleza lleva un germen de dolor. Empezó a trabaja en 1931 y realizó su última fotografía el 25 de septiembre de 1993. Una larga trayectoria. Murió en 1994. Miembro activo de la Resistencia francesa, sus fotografías son muy prácticas para entender la liberación de París. ”Mi foto es el mundo, tal y como yo deseo que sea”, decía. Amigo de Sartre, Camus, Cocteau, Picasso, trató a Hemingway (Paris es una fiesta). La alegría de París tiene muchas facetas. Una de ellas la expresa en su serie de “Besos”. El más famoso, el de dos jóvenes en las puertas del ayuntamiento de París. Es como si Cortázar hubiera tenido delante esta fotografía antes de describir el beso de “Rayuela” , en donde se puede encontrar una de las mejores definiciones del beso.
Muchos pensaron que era una fotografía espontánea que el autor había tomado en las calles parisinas. Es un beso que simbolizó una multitud de cosas: el amor, París como ciudad romántica y representó una época de exaltación del sentimiento. También se convirtió en objeto que aportó jugosas ganancias: aún hoy el famoso beso vende cientos de miles de copias anuales.
En 1993 "El Beso" fue llevado a juicio. Una pareja afirmaba haberse reconocido en la imagen y reclamaban su porción del pastel. Por aquel entonces, empezaron a aparecer mujeres y hombres asegurando ser los amantes de la obra y planteando demandas de derecho de imagen, aquella mentira que hacía creer que era una instantánea improvisada no pudo mantenerse. El fotógrafo ganó el juicio al presentar como prueba la serie completa de fotos tomadas en distintos puntos de París con la misma pareja. La había encontrado en un café cerca de la escuela de teatro y les había propuesto posar para la foto. Françoise Bornet, la protagonista real de la foto junto a su novio de entonces, Jacques Carteraud, decidió descubrir su secreto: quería un porcentaje de las ganancias. Otra vez Doisneau ganó en los estrados: pudo comprobar que había pagado el trabajo de Bornet y su compañero. La pareja vendió la copia de su foto que le regaló Doisneau a un coleccionista suizo que pagó por ella 155.000€ en 1992. Más tarde, reconocería el propio autor: "No es una foto fea, pero se nota que es fruto de una puesta en escena, que se besan para mi cámara."

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