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sábado, 18 de agosto de 2012

Un puente enterrado bajo las aguas por la estulticia de los topógrafos



Ni queriendo hacer las cosas mal, nos salen peor. La arqueología saca de la tierra viejos monumentos y la topografía los entierra sin decoro. Llegaron con sus modernos métodos de medición y topografía y resolvieron hacer un pantano grandioso sobre un espacio poblado en el que se asentaba la vieja leyenda de Giribaile. Historia de moros, doncellas raptadas y redenciones a última hora. Contaban los viejos aquellas leyendas para entretenimiento de las tardes y noches de ocio. Ahora una nueva leyenda saldrá de las aguas de este pantano ancho de Jaén, la tierra de los pantanos que palian su sequía ancestral. Debajo de ellas se levanta enhiesto y orgulloso el viejo puente de Ariza que construyera Andrés de Vandelvira, el mismo que hizo el puente que hasta no hace mucho sirvió de paso a los vecinos de Cuenca.
Es fruto de la desidia y la ignorancia. El Puente Ariza abre su arcada silenciosa y solitaria bajo el manto de agua y desde el siglo XVI se extiende sobre las aguas del Guadalquivir, en la provincia de Jaén y que fue uno de los logros de los obispos constructores renacentistas, en este caso Diego de los Cobos, para unir la próspera ciudad de Úbeda con la meseta, desapareció bajo las aguas del Giribaile en 1998. Una mole de piedra que asoma en estos días en los que el pantano está bajo. Como sucede en la Sierra de Cazorla con la torre y el castillo de San Miguel de Bujaraiza en el Pantano del Tranco. Se ha perdido un puente emblemático y nadie hace nada, pese a las promesas por recuperarlo, Ya es casi imposible.

Pero es una prueba más de la esquizofrenia de nuestros responsables de la cosa pública que gastan el dinero en auténticos “parques temáticos” en donde solo queda el aire de lo que había e inventan estructuras costosas, pero cuando se trata de salvar un puente significativo en el patrimonio. Lo dejan abandonado a la mano de Dios. Gastan cantidades desorbitadas en recrear ciudades de las que solo quedaba la hierba, el sol y el viento y dejan morir estructuras enteras como esta en donde Juan de la Cruz, desde su convento del Calvario, en la carolina, camino de Úbeda para curarse de unas calenturillas que le traerían la muerte, hizo el milagro de los espárragos. Un lugar mítico surcado por la historia y que ahora dormirá bajo las aguas recreando leyendas



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