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domingo, 19 de agosto de 2012

LLevo toda la mañana peleándome con los adjetivos. Borges me libró de la batalla



Llevo toda la mañana luchando con los adjetivos de un texto que marcará mis noches y mis días este otoño. Me resisto a buscar sinónimos. Lucho con el adjetivo en sí, desnudo, cruel, zafio, elegante, baboso, soberbio, bello, sugerente, ingenoso. Una banda de adjetivos, como moscas, revolotean alrededor queriendo hacerse un hueco en el texto. Me resisto. Hay sustantivos a los que el adjetivo estorba y hay otros que lo necesitan para lucirse. Y me encuentro de bruces con esta frase de Borges: “No me arriesgaré vanamente a formular una doctrina absoluta de los epítetos. Eliminarlos puede fortalecer una frase, rebuscar alguno es honrarla, rebuscar muchos es acreditarla de absurda”. He detenido la pelea. Mejor es dejar los márgenes desembarazados y darle una vuelta dentro de unos días. Hay situaciones absurdas en la vida cuando quieres llenarlas de adjetivos. Atendiendo al maestro Borges he decido no rebuscar más para no desacreditar la frase bella en su propia entidad. El sustantivo tiene la belleza convulsa del recuerdo. Ponerle adjetivos es mancillarlo a veces.

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