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lunes, 21 de mayo de 2012

Recordando a Klaus Mann, en el aniversario de su muerte

No había cumplido aún los 43 años cuando Klaus Mann, el hijo del autor de la Montaña Magica, se suicidaba en Cannes, tal día como hoy, un 21 de mayo de 1949 . Klaus era uno de los miembros de esa saga familiar de escritores ( Thomas, Heinrich, Erika, Golo, Monika, Michel y él mismo) Había en su alma , parte del alma de su padre, tan mitificada antaño y tan entrañablemente humana hoy, después de conocerse el pulso de su escritura. Klaus Mann era un torrente de vida y su perfil biográfico no deja de ser un gran simbolismo de lo que es Europa y de lo que significa los ultimos cien años. Conviene volver a Klaus el esteta, el moderno, el actor teatral, el hombre solitario, el que se exilió antes de que los nazis llegaran al poder, el viajero, el intrépido contestatario.

La paulatina reedición en Alemania y Europa bastantes años más tarde de de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, consagra su aura de autor maldito, imponiendo el reconocimiento al conjunto de la obra de enorme originalidad, aunque siempre comparada con la de ilustre progenitor.

Pero Klaus es un autor moderno, inconformista, recorrido por impulsos y emociones contradictorias; algo muy perceptible cuando enfocan similares preocupaciones (Doctor Faustus Thomas Mann, Mefisto, Klaus Mann). El punto de vista y el estilo literario muestran el mismo abismo que les separó al encarar sus pasiones y comportamientos en su vida diaria. El tratamiento sencillo, en tono menor con que se encaran personajes históricos en Klaus, a veces como un mero divertimento estético (Sinfonía Patética, 1935, en torno a la figura de Piotr Ilich Chaikovski o La Ventana Enrejada alrededor del rey Luis II de Baviera, emblemas de homoerotismo y decadencia social) contrasta con el clasicismo denso, siempre brillante de Charlotte en Weimar de Thomas Mann, en torno a la figura de Goethe en sus últimos años.

Klaus Mann figura a la cabeza de los autores europeos que integran la literatura del exilio. La rivalidad competitiva con el padre, la relación afectiva con su hermana, su desequilibrio emocional tentado por el suicidio, le convirtieron en el punto de mira de los Mann, una familia donde escribieron casi todos; su tío Heinrich Mann, Erika, sus hermanos, Golo, Monika y Michel, acabando por forjar, el mito de una familia donde la cultura es siempre el elemento aglutinador de acuerdos y desafectos.

Frederic Kroll, gran conocedor de la totalidad de su obra, reivindica el Klaus Mann exento de cualquier carga retórica o propuesta moral de Encuentro en el infinito y Sinfonía Patética frente a sus obras más divulgadas. Criterio confirmado por el estilo que se percibe en la novela sobre la que trabajaba a su muerte, The last day (1949).

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