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lunes, 6 de febrero de 2012

Silence tells me secretly everything...


Hoy quiero hablar del silencio. Recuerdo que una vez logré el Premio Internacional de Periodismo “Ciudad de Úbeda”. No recuerdo el año. Fue por un artículo titulado “Los silencios de Úbeda” . No encuentro el texto original. Allí me recreaba en el silencio de la ciudad de los Cerros en donde Juan de la Cruz dio “a la caza alcance” y en donde murió quien mejor definió “ la música callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora” .
Hoy vuelvo a hablar del silencio. Hay silencios aterradores. No hace mucho, paseando, pude ver uno de los silencios más impresionantes de mi vida. Silencio en la boca, en el sem blante, en las manos, en el gesto, en el desdén, en la sonrisa, en el cuerpo mismo.Era el silencio de una tarde de Reyes. Me impresionó, me gustó, pero también me asustó aquel silencio. Silencio y ausencia total, pero una profunda mirada, océano de silencio en el mar de la esperanza. Fue un regalo de Reyes aquel mutismo. Hay quien se instala en el silencio y de él hace oficio. Hay silencios que muerden y silencios creativos; silencios cómplices y silencios que arañan. Hay silencios que engendran y silencios que matan. Cuando el silencio es corto sirve para respirar, pero cuando se alarga fecunda el olvido. Hay silencios quedamente interrumpidos,promesas de un mañana y hay silencios que hunden en el abismo. Silencios entrecortados con memorandum breves, con besos prometidos y abrazos aplazados. Hay silencios de iglesias y silencios de cementerios; silencios de los páramos y de tanatorios. Silencios de ermitas y de catedrales; de conciertos y de hospitales. Silencios ante el dolor y la dicha. Hay para quienes el silencio es la mejor de las escuelas: “Silence tells me secretly everything...” Decía Keats: " Heard melodies are sweet but those unheard are sweeter" Las melodías silenciosas son más dulces que las que se escuchan. El silencio del abismo y el silencio de la brisa; el silencio del mar y el silencio de la montaña. El silencio cómplice y el silencio redentor. El silencio que se escucha con la cabeza reposada en el pecho y el que se escucha contemplando un atardecer. El silencio de Dios ante la miseria humana y el silencio del hombre ante la grandeza de Dios. El silencio del que nada tiene que decir y el de aquel que todo lo ha dicho y solo es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras.

Hoy me han invitado a hablar del silencio en una emisora de radio. Me han pedido unos minutos nada más y les he dicho, lo que acabáis de leer.

Y seguiremos instalados en el silencio que es una forma de amar...y de esperar.

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