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miércoles, 29 de agosto de 2012

La caricatura de Bolaño nos advierte sobre el mal de la unanimidad

Roberto Bolaño ha sido uno de los escritores que más han atraído la atención de los diseñadores de caricaturas. El género de la caricatura es la versión gráfica de los rasgos, gestos y tics no sólo del rostro sino de toda la persona. La posición reduccionista que define la caricatura como "exagerar" mediante el dibujo las facciones de una cara, yerra de lleno, pues no basta con ampliar, aumentar o sobredimensionar los defectos. Hay que captar, capturar, aprehesar el alma . El caricaturista ha de poseer así, algo de ojo de terapeuta . La caricatura implica un ejercicio intelectual.

Y me gusta esta grase del genio chileno:

"(no me gusta) la unanimidad sacerdotal, clerical, de los comunistas. Siempre he sido de izquierda y no me iba a hacer de derechas porque no me gustaban los clérigos comunistas, entonces me hice trotskista. Lo que pasa que luego, cuando estuve entre los trotskistas, tampoco me gustaba la unanimidad clerical de los trotskistas, y terminé siendo anarquista [...]. Ya en España encontré muchos anarquistas y empecé a dejar de ser anarquista. La unanimidad me jode muchísimo.»

domingo, 19 de agosto de 2012

LLevo toda la mañana peleándome con los adjetivos. Borges me libró de la batalla



Llevo toda la mañana luchando con los adjetivos de un texto que marcará mis noches y mis días este otoño. Me resisto a buscar sinónimos. Lucho con el adjetivo en sí, desnudo, cruel, zafio, elegante, baboso, soberbio, bello, sugerente, ingenoso. Una banda de adjetivos, como moscas, revolotean alrededor queriendo hacerse un hueco en el texto. Me resisto. Hay sustantivos a los que el adjetivo estorba y hay otros que lo necesitan para lucirse. Y me encuentro de bruces con esta frase de Borges: “No me arriesgaré vanamente a formular una doctrina absoluta de los epítetos. Eliminarlos puede fortalecer una frase, rebuscar alguno es honrarla, rebuscar muchos es acreditarla de absurda”. He detenido la pelea. Mejor es dejar los márgenes desembarazados y darle una vuelta dentro de unos días. Hay situaciones absurdas en la vida cuando quieres llenarlas de adjetivos. Atendiendo al maestro Borges he decido no rebuscar más para no desacreditar la frase bella en su propia entidad. El sustantivo tiene la belleza convulsa del recuerdo. Ponerle adjetivos es mancillarlo a veces.